La negrita de la Toma
(Talla en madera de cedro policromado, Alto. 120 cm.)

 

 

Alquimedes Brito

“…los nombres se los pongo, porque aquí hay personajes así.”

Nace en la Vega de Santa María de Cariaco el 2 de marzo de 1964; allí mismo vive, en la calle Principal de este caserío agrícola. Tiene un conuco en el traspatio y atiende una pequeña bodega. Desde el año 1987, a los 23 años de edad, empezó a tallar la madera. Su obra es reconocida por la comunidad, constantemente vende lo que hace. La crítica especializada le ha otorgado: Premio Mención Talla, 1° Salón Nacional Cervecería de Oriente 1988. Premio a la Obra de Arte Ingenuo, III Bienal de Artes de Oriente 1990, II Salón de la Cervecería de Oriente 1993.
Con una variada y numerosa temática que va desde las advocaciones marianas, pasando por Bob Marley, los héroes Bolivarianos y los personajes típicos del entorno rural tratados con un humor y una picardía muy particular, la escultura de Alquímedes es prolífica y creativa. El éxito de uno u otro tema, lo convierte en una serie, que con pocos cambios va evolucionando y ganando en calidad y excelencia técnica para complacer la demanda de coleccionistas y turistas. Un ejemplo de esto es “la negrita de la Toma”, inspirada en las muchachas que con sus mejores galas, llenas de juventud e ingenua belleza asisten a los bailes del caserío de “La Toma”; sus rostros y senos, verdaderos altorrelieves — trabajados con gran maestría y dominio del oficio — emergen del tronco apenas esbozado para dar la sensación de un cuerpo de mujer rígido, embutido dentro de un traje finamente policromado con motivos florales que contrastan con un fondo de color complementario. Otro tema que podríamos llamar arquetípico por lo constante, es la pareja de amantes bailando muy juntos, susurrándose al oído promesas de amor. Este tema al igual que el anterior, es condicionado por la forma del tronco, el cual limita la composición a un cilindro vertical, restringiendo la lectura de la obra a cuatro vistas bien definidas; a pesar de esto, la obra de Alquímedes está llena de una gran vitalidad.