Casimiro en su burro
(Escultura en tela, Alto. 48 cm.)

 

Amada Vargas

“...y es que las de ellas eran quietas y las mías son de actividad...”

Nace en Cariaco el 13 de septiembre de 1941. Vive en el Caserío Cerezal, Municipio Ribera, donde, además de mostrar sus obras, invita a un chingüirito. Mientras, complace al visitante con un Canto de Pilón dedicado a su mamá Berta Vargas, quien le enseñó as primeras puntadas, halagando siempre lo particular de sus creaciones: “! Amada, pero si parecen gente” Su constancia y dedicación la han hecho merecedora del reconocimiento “Patrimonio Cultural viviente” desde el año 2000. Su obra ha representado al estado Sucre en diversas exposiciones de Arte Popular.
Madre amorosa de sus creaciones, elaboradas hasta el último detalle con exquisita minuciosidad y maestría, las muñecas de Amada cobran vida, nos miran con sus encantadores e ingenuos ojos bordados, trasladándonos al tiempo de las abuelas.

Heredera de una tradición familiar que se remonta a tiempo inmemorial, Amada siempre creativa e innovadora, incorpora en sus personajes acciones que recrean el quehacer cotidiano, convirtiéndose en cronista de nuestro medio rural y campesino. Su obra, verdaderas esculturas plenas de movimiento y personalidad, se diferencian de la producción masiva y estereotipada de la muñequería local, convertida actualmente en una pequeña industria para satisfacer la demanda del turismo. Indudablemente que la escultura de Amada Vargas trasciende lo ordinario, superando las formulas del común con lo acertado de sus proporciones, el cuidado de los detalles, la excelencia técnica y la carga expresiva que logra insuflar a sus personajes.