Ignacio Arenas
“No pinto mis tallas porque los maderos
tienen su propio color y sus vetas, que es como decir que tienen
corazón y vida propia”
Nace
en Cumaná el 31 de julio de 1921, día de San Ignacio
de Loyola, en el Barrio Las Palomas, donde habita desde entonces
con su familia.
Un gran patio recibe con amabilidad a visitantes, estudiantes
y amigos, solar de benévola sombra, donde los peñeros,
luego del calafateo y la pintura, se revisten para volver a la
mar. Espacio donde Ignacio durante veinticinco años dio
vida a muchos troncos; más de cien esculturas surgieron
de la habilidad de sus manos y del recuerdo. Todas se han paseado
por Salones de Arte, Museos y Galerías; algunas con su
gracia enriquecen casas particulares.
Con algunas nociones de carpintería, mucha intuición
y una gran necesidad de expresión, Ignacio Arenas se inicia
como escultor a los cincuenta años; su seguridad y destrezas
en el manejo de las herramientas, aunadas a una apasionada e incansable
labor, le permiten realizar en menos de doce años una numerosa
y variada cantidad de esculturas de gran calidad artística,
forjándose un lugar dentro de los artistas populares más
representativos del país. En su obra, a diferencia de la
mayoría de los escultores populares, Ignacio prescinde
de la policromía, y se complace en mostrar la riqueza y
variedad de las vetas y vivos matices de las maderas criollas,
exigiendo esto un mayor esfuerzo y dedicación en el tratamiento
de las superficies y el modelado de las formas, minimizando y
suavizando a su vez, la frontalidad característica de la
escultura popular.