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Los miembros del phylum Molusca son sin duda los invertebrados más notables y de mayor popularidad entre la gente, gracias a la belleza proporcionada por la variedad de formas y colorido de sus conchas, que despertaron la aficción de muchos coleccionistas, desde tiempos antiguos. Esta actividad empezó a alcanzar mayor atención a partir del siglo XVII, cuando los naturalistas dedicaban mucho de su tiempo a la catalogación, en una época donde la historia natural figuraba entre los planes de estudios de las clases sociales más pudientes. Después de este período, el aumento del conocimiento de la fauna y su organización, generó una serie de clasificaciones sistemáticas que conllevaron a la espectativa que han despertado actualmente los moluscos como grupo taxonómico. A consecuencia de ello, los moluscos figuran hoy, después de las aves y los mamíferos, como los mejores conocidos desde el punto de vista taxonómico, entre todos los grandes grupos de animales.

Entre los invertebrados, los moluscos constituyen el filum más grande, después de los artrópodos. Un exámen superficial muestra la gran heterogeneidad que existe entre sus diferentes grupos, que incluyen formas tan diversas como los calamares, almejas, caracoles, chitones y ostras, que aunque parecen completamente distintos, siguen en su organización un mismo plan estructural y funcional. En la actualidad la importancia de los moluscos ha traspasado el valor escénico que tenía en tiempos pasados, ya que, además de la importancia vital de formar parte de la trama trófica de los ecosistemas, muchas especies están siendo utilizadas como recurso alimenticio, indicadores de contaminación y de estrés funcional en ecosistemas costeros. Por otra parte, a los moluscos se le han asignado múltiples usos, desde su utilización como moneda, bisutería, joyería hasta propiedades afrodisíacas y están actualmente integrados en programas de turismo.

El nombre del phylum deriva de la palabra latina molluscum, que significa blando y que describe de manera adecuada la impresión que se tiene de la carne de la mayor parte del animal, contenida generalmente dentro de una concha dura en la que el carbonato cálcico es el componente principal. La clase Bivalvia, Pelecypoda o Lamellibranchia, comprende quizás las formas más populares como lo son las ostras, los mejillones, las almejas, las arcas o pepitonas y las vieiras o pectínidos. Todas se caracterizan por tener el cuerpo comprimido por dos valvas unidas dorsalmente por medio de un gozne o ligamento, un pie muscular característico y una cavidad que encerran los organos, agrupados en una masa visceral rodeada por un manto, el cual secreta la concha calcárea externa.

Dentro de los bivalvos existen especies que desarrollaron diversas especializaciones, permitiéndoles vivir en distintos ambientes, ya sea en forma libre o fijos a sustratos duros por una estructura llamada biso.

La morfología de las branquias, órgano respiratorio, y forma y número de extructuras anexas a la concha son algunas de las características importantes tomadas en cuenta para la sistematización de las categorías con mayor jeraquización de la clase Bivalvia.

En Venezuela, los bivalvos son un grupo importante desde el punto de vista económico, porque algunas especies sostienen pesquerías de primer orden e importancia. Cabe destacar que la pesquería de la pepitona (Arca zebra) ocupa el segundo rubro, después de la sardina, en lo referente a la producción por pesquería artesanal (Novoa et al. 1998). Otras especies, como por ejemplo el guacuco (Tivela mactroides), el chipichipe representado por las especies Donax denticulatus y D. striatus, la vieira Amussium papyraceum, los mejillones Perna perna y P. viridis, así como las ostras, la de mangle Crassostrea rhizophorae, la americana o de Guariquen C. virginica y la ostra perla Pinctada imbricata, soportan pesquerías de gran importancia socioeconómica. Algunas de estas especies también han sido cultivadas sosteniendo produciones comerciales (C. rhizophorae y P. perna), siendo también P. imbricata, C. virginica y P. viridis consideradas como potenciales para el aumento de su producción por acuicultura, así como otras especies, principalmente los pectínidos Euvola (Pecten) ziczac, Lyropecten (Nodipecten) nodosus y Argopecten nucleus, los cuales han sido organizadamente estudiados para establecer paquetes tecnológicos de cultivo. De todas estas especies, sin embargo, la que ha sostenido la mayor importancia en Venezuela y en el continente americano fue la ostra perla P. imbricata, debido a su capacidad de formación de perlas, estructuras formadas por la secreción de material nacarado por el manto alrededor de una particula extraña. Ningún recurso natural renovable ha sido tan importante histórica y socioeconómicamente en Venezuela como la ostra perla. Desde su descubrimiento, las perlas del oriente de Venezuela constituyeron para los pobladores naturales una historia de incomprensiones, fracasos, sufrimientos y tragedias, cuyo eco de lamentos llegó a tal magnitud que formó parte de los relatos, escritos y elegías narradas por sacerdotes y eruditos, sensibilizando de esta manera las primeras leyes de protección de los indígenas; pero, aparte de ello, sin duda alguna, las perlas fueron la atracción principal de los descubridores que invocó los sucesivos viajes a la tierra desconocida y con ello la transculturización de las Américas. Con el tiempo esta especie fue explotada con una organización tal que conllevó la principal actividad de produción comercial de la región en los siglos XVI, XVII, XVIII y IXX, llegándose a derrumbar dicha actividad a mediados del siglo XX, debido a la evolución de las técnicas de cultivo y producción de perlas por los japoneses, quienes lograron una abundancia de perlas superiores en tamaño y calidad a las naturales. Hoy en día, la ostra perla, Pinctada imbricata, es una especie que se ha transformado en un recurso natural, cuya explotación es dirigida al consumo directo, y constituye además de un atractivo turístico, el sustento de muchas familias en el nororiente de Venezuela.

Los moluscos, a pesar de ser excepcionalmente abundantes (más de 120.000 especies vivientes y 35.000 fósiles descritas), haber colonizado todos los ambientes marinos, ser socioeconómicamente abundantes y ser la actracción principal para la transculturización de las Américas, son poco conocidos taxonómicamente, en Venezuela y el Caribe, debido, en gran parte a que la literatura especializada en la sistemática es escasa.

En las zonas tropicales, la clasificación se dificulta, debido principalmente a la amplia diversidad de especies que generan sus ecosistemas, tales como arrecifes coralinos, praderas de Thalassia testudinum, playas arenosas, fondos rocosos, etc., en los cuales se desconoce la variedad faunística de estos grupos. Por otra parte, la literatura existente en sistemática de moluscos requiere de revisiones consecuentes, a causa de la profundización de los conocimientos en las estructuras morfológicas y al desarrollo de técnicas modernas de investigación que se están aplicando para distinguir especies similares, tales como la diferenciación genética (Fergunson 1980). Esta escasez de literatura y reagrupación taxonómica de las especies ha conducido a errores involuntarios en la clasificación de especies en investigaciones con objetivos ecológicos o de otras disciplinas.

El problema de carencia de literatura especializada es evidenciado notoriamente en la región del Caribe, donde aunque existen publicaciones sistemáticas y ecológicas sobre determinados grupos de moluscos, tales como los descritos en los trabajos de Prinz (1978, 1982), Boss (1969), Work (1969), Flores y Cáceres (1980) y Díaz y Götting (1986), son muy escasos los textos que cataloguen las diferentes especies del Caribe, encontrándose tan solo dos obras principales (Warmke y Abbott 1971; Díaz y Puyana 1994). En Venezuela, en contraste con otros grupos de organismos marinos como peces y crustáceos, que han sido agrupados, clasificados y analizados taxonómicamente (Rodríguez 1980; Valdez y Aguilera 1987; Cervigón 1994), los moluscos hasta los momentos no se han evaluado sistemáticamente, lo cual ha repercutido en el reporte de nuevos registros en los pocos trabajos realizados (Prinz 1978; Work 1969).

En Venezuela el interés de catalogar los moluscos en la zona oriental es antigua y se remonta a 1873 por Guppy, quien clasificó algunas especies fósiles halladas en Cumaná, y en años sucesivos fue publicando trabajos sobre los moluscos de la zona. Toda la información sobre la historia en los estudios de moluscos en Venezuela ha sido detallada por Tello (1975) en su catálogo de la fauna venezolana, en el cual se hace enfásis en especies fósiles. En la obra se evidencia que fue el auge petrolero el que incremento el conocimiento sobre los moluscos fósiles de las costas, debido a la intensa actividad desarrollada por los geólogos quienes estudiaron el territorio y analizaron, describieron y clasificaron muchas especies fósiles.

En resumen, el presente manual describe unas 125 especies diferentes de bivalvos marinos, colectados en el nororiente de Venezuela y pertenecientes a colecciones particulares de los autores de esta obra. Estimamos que la gran variabilidad de los bivalvos del nororiente de Venezuela puede representar mas del 80% del total de Venezuela y posiblemente el Caribe. Estas especies fueron sistemáticamente ubicadas en las subclases: Paleotaxodonta (1 especie), Pteriomorfa (49 especies), Heterodonta o Eulamellibranchia (72 especies) y Anomalodesmata (3 especies). El mismo no pretende ser exhaustivo, por la falta de publicaciones precedentes, pero sí sentar las bases para la catalogación y sistematización global de los bivalvos marinos de Venezuela. Es justo también indicar que se han excluido algunas especies, acerca de cuya identidad específica subsisten dudas, pero que en la actualidad no tienen importancia económica.

El resultado de esta obra se expone como un manual de identificación, donde cada especie clasificada sistemáticamente es descrita con los rasgos principales de la misma, haciendo referencia a diferencias establecidas en aquellas especies de morfología similar. Cada especie es acompañada por un número de identificación, el cual es indicativo en láminas con imágenes de un grupo de especies. Para la mejor comprensión de las descripciones, se ha elaborado un glosario de las palabras técnicas utilizadas en el manual, el cual se encuentra al final del manuscrito.

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